Hay ciertos momentos


_¿No me ves? Soy yo.

Pero sus ojos ya no veían lo mismo.
Como cortinas de terciopelo se habían cerrado sus párpados. Pesados espesos.
Su mente le decía juntar todas sus energías en un esfuerzo común por recordar aquello que vió, aquello que un día encontró. Energías repartidas en revivir aquella misma sensación que le decía ver nubes de colores y rubíes colorados. Sudores cobraron riego por su cuerpo juntando fuerzas por levantar el telón y ver la obra de su vida hecha y coloreada.
Verde mar amasando con sus olas dolores y miedos. Suave esponja en vida de mimos y azúcares de placer.
Manos temblantes y pies inquietos pedían salir corriendo y agarrase a la rama conocida de un árbol de raíces profundas. Entrañables entrañas de una vida agotada, demasiado saboreada y ya sin gusto.
Y el mal gusto en un paladar viejo con labios mordisqueados hizo mella en su boca.
Bajando en forma de bola férrea por un tubo de veneno y rojos vivos hasta su garganta, invadiendo y conviertiéndose en un sonido de dolor y desgarro fue llanto y agonía.
El telón levantó unos ojos húmedos y sentenciantes.

_No, ya no.

Hay ciertos momentos en que una persona preferiría la ceguera eterna y el engaño, antes de afrontar un salto a un abismo incierto.

_¿Y qué pasa si salto y me dejo caer?, pensó...

Que vuelas...vuelas alto..........contestó una voz.

No hay comentarios: